A sus 40 años, Lebron James, quien terminó la temporada 2023 como el máximo encestador histórico con un escalofriante promedio de 38,390, es considerado por muchos el jugador más completo de la historia de la NBA; un año después, en 2024, se llevó el premio MVP, o jugador más valioso, en los juegos Olímpicos. ¡Y aún sigue deslumbrando en la liga más exigente del mundo!
Seguramente, una pequeña parte de esos resultados se deberán a los dones naturales que representan un estimulante punto de partida. Sin lugar a dudas, el grueso de su diferencial está en el dar un poquito más en el entrenamiento cotidiano. Otro plus, está en el trabajo físico y mental que muchos grandes como el, aportan más allá del trabajo formal en el club.
Los dos primeros puntos representan la labor de la mayoría de los deportistas profesionales. El tercero es una cualidad de los que destacan. Estas son esferas o dimensiones del desarrollo de un deportista que están al alcance de cualquiera que esté dispuesto a invertir la moneda de cambio en cuyas caras se lee voluntad, perseverancia, dedicación, entrega…
Hay una cuarta esfera, que solo es abrazada por aquellos que aspiran a la máxima realización: convertir su cuerpo en un templo cuyo cuidado es su máxima prioridad; esto, en el caso de Lebron James, lo lleva, una vez realizado de forma excelente el trayecto con los tres pilares anteriores, a invertir aproximadamente 1.5 millones de dólares al año en tecnología para mejorar su salud, su rendimiento y prolongar su ya admirable longevidad deportiva. Para ubicarnos, escribo esto cuando la estrella de la NBA tiene 38, pero es probable que muchos lo lean años después, cuando esta enseñanza de vida sea más valiosa aún.
Para muchas personas, esta inversión es considerada extravagante, aunque solo represente el 3% de su contrato que superó los 47 millones anuales en el 2024; en cualquier negocio, reinvertir el 3% en infraestructura y herramientas de competitividad, incluso se consideraría bastante pobre. El retorno que obtiene Lebron James, aunque solo le permita poder jugar una temporada más, representa un caso de éxito espectacular que no solo merece ser un caso de estudio en las escuelas de medicina deportiva, sino también en las de negocios.
Mi sueño se ha convertido en realidad ahora, y es la mejor sensación que he tenido.

Un orden de prioridades claro
La primera reacción de gran parte de la gente, tanto en el ambiente deportivo como fuera de este, al considerar la inversión de la estrella de la NBA como “extravagante”, en mi opinión, refleja los valores de una sociedad decadente que considera normal y deseable priorizar autos, joyas, moda, perfumería o arte por cifras muy superiores, las cuales los millonarios acumulan por docenas y sumas mucho mayores. ¡Y me parece bien si pueden permitírselo! Simplemente cuestiono el orden de prioridades.
Más allá de esto, si nos detenemos un momento, y limpiamos nuestra mente de prejuicios absurdos, emergerá el sentido común para mostrarnos claramente que, en cualquier escenario, no existe mejor inversión que en la propia salud. Y mucho más, cuando de esta depende tu trabajo y tus ingresos.
Apostar hoy, cosechar mañana y edificar un excelente porvenir
Además, la cosecha de Lebron James, va mucho más allá de su carrera deportiva y está construyendo una base sólida para gozar una mejor calidad de vida en sus años por venir, acercarse a la velocidad de escape a la longevidad, gozar de más años libres de enfermedad y aprovechar todas las oportunidades que la vida le seguirá dando. A no dudar de esto último, porque la base de su éxito está en su cabeza y, con los mismos elementos que edificó una de las mejores carreras deportivas de la historia, seguirá haciéndolo con los desafíos que el mañana le depare.
¿Aún queda alguien que piensa que este comportamiento es extravagante? ¡Personalmente lo admiro profundamente! Implica un desarrollo de la conciencia que demanda un trabajo que va mucho más allá de lo que la mayoría de las personas estamos dispuestos a dar y del cual podemos aprender mucho para impulsar la nuestro crecimiento y la evolución humana.

Pienso primero en el equipo. Me permite triunfar, permite a mi equipo triunfar.
Aprendizajes y oportunidades para los simples mortales
Mucha gente, lo he vivido en innumerables escenarios, piensa que esta es una lección fuera de su alcance por las cifras que se manejan, sin embargo, esto es un gran error de percepción.
Normalmente, aunque puede haber contadas excepciones, se desalientan al ver la magnitud del cuarto escenario descripto, sin embargo, al igual que todo gran viaje, este también comienza por el primer paso; en este artículo he señalado tres pasos previos y, aunque tal vez el primero dependa en buena medida de la gracia divina o de la lotería genética, puede ser compensado con el mayor esfuerzo y dedicación inteligente al segundo y tercero. Digámoslo con claridad, estos representan el 80%, o más, de la dedicación necesaria, son los que nos ponen en carrera y sin los cuales no hay un cuarto paso posible.
El cuarto, el que tanto desalienta o se considera extravagante, llegará por añadidura y está en una esfera en la cual el retorno es menor, el trabajo es más fino, el progreso es más trabajado y, generalmente, menos evidente, pero representa esa pequeña variable acumulativa y que marca la diferencia entre el éxito y la gloria de experimentar la realización divina en un área de nuestros potenciales. ¿O acaso no hemos sentido que el propio Dios impulsaba el juego de Lionel Messi en una jugada magistral, en una maniobra de largada de Fernando Alonso o en uno de los mejores partidos de Michael Jordan o del propio Lebron James? Cuando el ser humano lo da todo, crecen sus posibilidades de ser bendecido con la gracia divina y ya no está en juego únicamente el desarrollo personal, sino la evolución de la humanidad.
Y el proceso será único para cada uno de nosotros, en cualquier área de desempeño. Analizando la estrategia de nuestra estrella de la NBA, podría sugerirle algunas inversiones adicionales que le brindarían un pequeño plus en sus resultados; también, con absoluta seguridad, podría hacerlo con recursos más accesibles y menos espectaculares que también estarían más próximos a las posibilidades del resto de los deportistas profesionales; o, en el mejor de los casos, como combinar todos los recursos con la mayor inteligencia posible buscando ir más allá, con integridad y respeto por nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones y sentimientos, y nuestra alma.
Creo que la enseñanza que debemos rescatar es que la sinergia entre la motivación y la determinación, saben cómo encontrar la fuerza para alcanzar los resultados que nos proponemos desde los deseos impulsados por nuestro corazón
¡Gracias Lebron James por inspirar estas palabras! Y mi deseo que sean un pequeño estímulo para todos aquellos que con su dedicación impulsan su desarrollo personal y la evolución de la humanidad, sea a través del deporte o de cualquier otra tarea.
Pablo de la Iglesia





